
El Tesoro de Lo Pantanet
Cuentan los viejos del lugar que, hace más de tres siglos, un pirata conocido como El Tuerto del Pantanet llegó a las costas del Ebro, después de una vida de saqueos, y de aventuras, por el Mediterráneo.
Decían que había abordado, y hundido, más de cien navíos turcos; acumulando un botín tan grande que, ni los cofres de su barco, podían contenerlo.
Cansado de huir de la corona, y de sus enemigos, el Tuerto buscó refugio en una vieja casa, cerca del humedal conocido como Lo Pantanet; un lugar rodeado de brumas, donde el silencio se mezcla con el croar de las ranas, y con el rumor del viento entre los cañaverales.
Durante sus últimos años, los lugareños aseguraban haberlo visto vagar por los alrededores; cojeando, con un sombrero más grande que un águila, y una lámpara cuya vela oscilaba con cada paso. Algunos decían que aún se le oía murmurar canciones de mar; mientras arrastraba su pierna de madera por los pasillos de la casa. Y otros… juraban haber visto su sombra, en las noches de luna llena; custodiando algo.
Se dice que, antes de morir, el pirata escondió su tesoro en algún rincón del Pantanet; nadie ha conseguido hallarlo, aunque muchos lo han intentado.
Hasta que, un día, me contaron de viva voz la existencia de un viejo plano; dibujado en un pergamino manchado de sal y vino. Nadie sabía si era auténtico, pero… ¿y si lo fuera?
Decidí investigar; y ahora, te pregunto: ¿te animas a venir conmigo, a buscar el tesoro del Tuerto del Pantanet?
El Camino del Tesoro
Dicen que el recorrido debe empezar frente a la Virgen del Pantanet.
Primero, hay que pedirle su ayuda, porque el espíritu del Tuerto no permite que los codiciosos lleguen al final del camino. Una vez hecha la súplica, debemos dirigirnos hacia la derecha; avanzando en línea recta, hasta alcanzar el camino viejo

Una vez hecha la súplica, debemos dirigirnos hacia la derecha; avanzando en línea recta, hasta alcanzar el camino viejo.
A nuestra izquierda, encontraremos la famosa higuera del Pájaro Comilón; donde, según los ancianos, el capitán alimentaba a un cuervo que sabía decir su nombre.
Siguiendo el sendero, cruzaremos varios obstáculos —raíces retorcidas, charcos, ramas caídas—; hasta llegar al Árbol Muerto del Grumete.
Allí, cuentan que un joven marinero se quedó dormido durante una guardia, y desapareció sin dejar rastro. Desde entonces, el árbol marca el comienzo del territorio maldito.

El Árbol del Grumete apunta hacia una fila de árboles, que parece no tener fin. Al llegar al último, un roble, tan grande como un gigante, nos señalará el rumbo.
Debemos cruzar el campo en diagonal; corriendo, sin mirar atrás…
Dicen que, si lo haces despacio, los Vigilantes del Tesoro —sombras sin rostro que custodian el botín— podrían verte, y hacerte perder el camino, para siempre.
Al otro lado del campo, se encuentra el coche oxidado de los enemigos del Tuerto; abandonado, tras una emboscada que nunca terminó bien.
Desde ahí, seguiremos por el sendero, hasta divisar un gran triángulo verde, que se eleva hacia el cielo; un grupo de pinos, que forman una figura perfecta.
Caminando entre los olivos, avanzaremos unos cien metros, o más; hasta toparnos con los Árboles Pared, que forman una muralla vegetal.
Allí, debemos girar a la derecha; cruzar el camino de tierra, y buscar el Árbol del Rayo Destructor, un viejo tronco partido en dos por una tormenta, ennegrecido, y hueco.
Dentro, dicen que reposa una enorme llave de hierro; oxidada, pero aún firme, que abre la puerta de la casa del Tuerto Cojo.
Habrá que acercarse con cautela; mirando por las ventanas, para asegurarse de que los vigilantes no rondan el lugar.
Si todo está en calma, se debe avisar al resto; abrir la puerta y… entrar.
Dicen que, dentro, bajo una losa de piedra, marcada con el símbolo de una calavera,
duerme el Tesoro del Pirata Tuerto del Pantanet.
O, quizás, solo su maldición.